Cuando se acerca el final del embarazo, una de las preguntas más frecuentes es: ¿cómo empieza realmente un parto y qué va ocurriendo después?
Aunque cada experiencia es única y no todos los partos siguen exactamente el mismo ritmo, conocer las diferentes fases puede ayudar a afrontar ese momento con más tranquilidad y confianza.
El parto no suele empezar de repente
Las películas nos han acostumbrado a escenas en las que una mujer rompe aguas y sale corriendo al hospital. Sin embargo, en la realidad, muchas veces el parto comienza de forma más gradual.
En los días previos pueden aparecer algunas señales como:
- Contracciones irregulares
- Expulsión del tapón mucoso
- Sensación de presión en la pelvis
- Cambios en la energía o el estado de ánimo
Estas señales indican que el cuerpo se está preparando, pero no siempre significan que el parto vaya a comenzar de inmediato.
Primera fase: dilatación
La dilatación es la etapa más larga del parto y consiste en la apertura progresiva del cuello del útero para permitir el paso del bebé.
Fase latente
Es el inicio del proceso. Las contracciones suelen ser irregulares y de intensidad variable. Algunas mujeres la viven durante varias horas e incluso varios días.
Durante esta fase suele ser recomendable:
- Mantener la calma
- Descansar si es posible
- Comer e hidratarse
- Seguir con actividades suaves que resulten cómodas
Fase activa
Las contracciones se vuelven más regulares, intensas y frecuentes. El cuello del útero continúa dilatándose y la mayoría de mujeres empiezan a necesitar más concentración para gestionar cada contracción.
Es la fase en la que habitualmente se produce el ingreso hospitalario cuando las contracciones cumplen determinados criterios o existen otras indicaciones médicas.
Segunda fase: nacimiento del bebé
Cuando la dilatación es completa comienza la fase expulsiva. En este momento el bebé desciende progresivamente por el canal del parto hasta nacer.
Es habitual sentir:
- Más presión en la pelvis
- Sensación de empuje
- Necesidad de colaborar activamente con el cuerpo
La duración de esta fase es muy variable y depende de muchos factores, por lo que no existe un tiempo «normal» aplicable a todas las mujeres.
Tercera fase: alumbramiento
Tras el nacimiento del bebé todavía queda una última etapa: la salida de la placenta. Aunque suele recibir menos atención, también forma parte del parto.
Generalmente ocurre durante los primeros minutos después del nacimiento mediante nuevas contracciones uterinas que ayudan a desprender y expulsar la placenta.
Después del parto también pasan muchas cosas
Una vez nace el bebé, el cuerpo sigue trabajando. El útero comienza a contraerse para reducir el sangrado, se inicia el proceso de recuperación física y empieza una nueva etapa de adaptación para la madre, el bebé y la familia.
Por eso muchas profesionales hablan de una cuarta fase del parto: las primeras horas tras el nacimiento, un momento especialmente importante para el contacto piel con piel, el inicio de la lactancia y la vinculación con el bebé.
Cada parto es diferente
Aunque conocer las fases ayuda a entender el proceso, es importante recordar que no todos los partos evolucionan igual. Algunos son más rápidos, otros más lentos. Algunos requieren intervenciones y otros transcurren de forma muy espontánea.
Lo más importante no es que el parto siga un guion perfecto, sino que la madre y el bebé estén acompañados, seguros y bien atendidos durante todo el proceso.
